miércoles, 19 de julio de 2017

El equilibrio en la alimentación


Hace ya algunas décadas, siendo yo casi una niña sentada al pupitre,  oía a aquel maestro de Ciencias Humanísticas el Instituto de FP de Guadalajara -que tanto sabía de todas las cosas- contarnos, a propósito de los instintos animales, de cómo se había realizado un estudio -no recuerdo por quién, ni cómo, ni cuándo. Se ve que me quedé con la esencia, pues corrían tiempos en los que te podías fiar de lo que te decía un maestro, o ponía en un libro- según el cual todos tenemos apetencia sobre aquello de lo que tenemos más necesidad.

Parece ser -y ésto siempre me pareció una canallada, pero el maestro decía que los estudios científicos son así- que a un grupo de niños pequeños sanos de entre 12 y 24 meses de edad, los tuvieron sin comer nada durante un buen puñado de horas y luego los soltaron en un buffet libre, comprobando con análisis previos y posteriores que, sin excepción alguna, cada cual iba primero al alimento que le proporcionaba aquello de lo que más carecía; de lo que más había perdido durante las horas de ayuno.


Esto significa que existe un instinto que cuida de que sepamos qué tenemos que reponer en nuestra alimentación solo prestando un poco de atención a lo que el organismo nos pide. Esto, por supuesto, excluye a personas que adolecen de alguna enfermedad metabólica, sea física o psíquica -Como dijo la otra, "a primera instancia, toda dolencia es emocional"-.

Dicho ésto, en mi opinión, flaco favor hacemos a los niños cuando les hacemos dibujitos con las comidas en los platos, o les damos galletas con imágenes de personajes, etc. A los niños hay que "escucharlos" si no quieren comer, y entender por qué. Cada quién es muy libre de dar en su casa la educación para la alimentación que crea conveniente, pero este tipo de prácticas no es educar, sino salir del paso. Y luego, de mayores, lo que nos gusta es que nos adornen los platos para que entren por los ojos, y no por (como debería ser) la nariz y la boca.

Sobre todo tenemos que entender que, salvando normas alimenticias razonables y generales, lo que nos viene bien a cada uno de nosotros, no tiene por qué venir bien a otros; no todos tenemos la misma necesidad ni el mismo equilibrio metabólico.

Cuando pensamos en establecer una disciplina dietética en nuestro día a día, solemos hacerlo porque algo no va bien: hemos puesto peso, o hemos perdido peso sin querer, o tenemos alguna dolencia, etc... Cuando diseñamos una dieta, lo primero que hay que tener en cuenta que, para llegar adonde hemos llegado, hemos tenido que producir un desequilibrio al que hay que dar la vuelta.

Es seguro que con la manipulación externa, sobre todo de los que nos quieren vender humo, vamos perdiendo la capacidad de sentir nuestras necesidades y es preciso que recuperemos el instinto, cambiando en muchas ocasiones, el criterio de cuales son las causas para establecer en nuestra vida según qué pautas alimentarias.

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